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Álvaro Sánchez, presunto capo protegido: historia crímenes y muerte

El nombre de Álvaro Sánchez Sánchez no era conocido. Foto: Twitter.

El presunto capo de la droga, Álvaro Sánchez Sánchez –jefe de la célula criminal conocida como “Los Hermanos Sánchez” –fue acribillado el pasado martes 18 en su rancho de Tequisquiapan, Querétaro, junto con su esposa, Orfelina Rebollar, y tres familiares más.

Según la Fiscalía de Querétaro, todo ocurrió cuando un comando armado arribó al municipio y se dirigió al rancho “Los Seis Hermanos”, ubicado en la comunidad El Tejocote.

Los guardias de seguridad no pudieron contener la metralla del grupo armado y éste irrumpió en el predio de cuarenta hectáreas donde Sánchez Sánchez tenía 4 mil cabezas de ganado y, presuntamente, laboratorios para procesar droga, particularmente cocaína y fentanilo.

Ya en el interior, el comando abrió fuego contra Álvaro Sánchez; junto a él también murió su esposa, Orfelina Rebollar, así como dos tías y una sobrina del presunto narcotraficante que, según la Drug Enforcement Administration (DEA), movía una tonelada semanal de cocaína hacia Estados Unidos en tractocamiones con doble fondo.

A Sánchez Sánchez se le conocía en el mundo del hampa como “La Tía”, “El Tartamudo” y/o “El Pollo”. Tenía una orden de aprehensión en Estados Unidos por conspiración para introducir drogas; la DEA lo buscaba desde hacía varios años, aunque nunca pudieron detenerlo. Sin embargo, era investigado por la agencia antidrogas norteamericana. Desde hace varios años le seguía los pasos.

El 24 de diciembre pasado, Sánchez Sánchez fue detenido en la zona de “El Marqués”, en Querétaro, cuando viajaba con su esposa, Orfelina Rebollar; al parecer debido a un incidente de tránsito fue capturado por la policía municipal de esa demarcación; al momento de revisar el vehículo los uniformados hallaron en el interior noventa y ocho cartuchos útiles, varias armas y un tigre cachorro enfundado en una bolsa. El presunto capo era amante de los felinos salvajes.

Álvaro Sánchez se identificó con una credencial falsa que tenía el nombre de Manuel; la esposa reveló su verdadero nombre –Orfelina Rebollar –: ambos fueron puestos a disposición de la Fiscalía General de la República (FGR), pero horas después los liberararon a pesar de que Álvaro Sánchez tiene antecedentes penales: se le investigaba por sus ligas con el tráfico de drogas, lavado de dinero y portación de armas de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas.

El nombre de Álvaro Sánchez Sánchez no era conocido. El presunto capo se manejaba con bajo perfil, aunque tenía un amplio poder corruptor: al menos en diez fiscalías del país –Veracruz, Estado de México, Querétaro, Hidalgo, Chiapas, entre otras –se le brindaba protección y, al mismo tiempo, utilizaba a los policías como brazo armado para secuestrar y asesinar a sus rivales.

Esto último se confirmó en enero de este año, cuando un comando de agentes del Estado de México, encabezados por Álvaro Sánchez y su hijo Alex Sánchez Rebollar, balacearon a Fermín Aguirre Benítez, un productor de ganado del municipio de Luvianos, Estado de México, a quien posteriormente desaparecieron.

Fermín Aguirre –hermano de Jhovani Aguirre Benítez, preso desde el 2021 por órdenes de Álvaro Sánchez –iba acompañado de dos personas más y un menor de edad. Sus acompañantes pudieron ponerse a salvo porque Fermín Aguirre les dijo que huyeran, pues él ya iba herido. Se internaron en el monte, pero a la distancia observaron cuando Álvaro Sánchez y su hijo llegaron al lugar donde estaba Fermín; observaron cuando fue sacado de la camioneta y se lo llevaron con rumbo desconocido. Hasta la fecha se ignora su paradero.

Las autoridades del Estado de México conocían muy bien al presunto capo Álvaro Sánchez; la Fiscalía mexiquense cuenta con un amplio organigrama de la organización criminal que encabezaba y cuyo asiento está en esa entidad. El grupo criminal opera en al menos diez estados del país, pero dispone de amplios alcances en Centro y Sudamérica, de donde traen drogas que son introducidas por el estado de Chiapas. Luego las desembarcaban en la ciudad de Toluca y Querétaro para después moverlas hacia Estados Unidos.

Sánchez Sánchez disponía de amplios controles en Querétaro, incluso, las autoridades conocían que transportaba drogas en aviones particulares. En el aeropuerto de la entidad queretana había operaciones aéreas en jets privados en los que se movía varias toneladas de cocaína con la complicidad de las autoridades. Ahí siguen estacionadas en los hangares helicópteros, avionetas y algunos jets en los que Sánchez Sánchez transportaba sus mercancías ilícitas.

En agosto del 2021, Álvaro Sánchez conoció a un empresario ganadero de nombre Jhovani Aguirre Benítez, un personaje dedicado a la venta de ganado para comercializar carne. Tuvieron una amistad temporal.

Según denunció Aguirre Benítez ante la FGR, Sánchez Sánchez le pidió que le facilitara sus tractocamiones para mover droga. Jhovani Aguirre se negó y así empezó la guerra. Le dijo que le había costado mucho esfuerzo hacer crecer su empresa y que no la iba a poner en riesgo por nada ni por nadie.

Álvaro Sánchez lo amenazó de muerte y pagó a las autoridades para encarcelarlo; lo acusó falsamente de haber secuestrado a sus hermanos, del robo de 2 mil 500 pesos a una señora y hasta de trata de personas. Luego le sembró un arma y un kilo de cocaína en su camioneta y de esa forma logró que fuera sentenciado a ocho años de prisión.

En agosto de 2021, con la complicidad de elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana de la ciudad de México, Aguirre Benítez fue detenido. Tanto Álvaro Sánchez como su hijo Alex Sánchez Rebollar, quienes seguían a Aguirre Benítez, le avisaron a la policía que en una camioneta Mercedes Benz iba gente armada. Todo era falso. Ese fue el pretexto para que Jhovani Aguirre fuera detenido. El objetivo, de acuerdo con Aguirre, era que “el capo Álvaro Sánchez quería que me entregaran con él para matarme”.

Cuando los agentes detuvieron a Aguirre Benítez fue puesto a disposición de las autoridades porque los agentes y el propio Álvaro Sánchez, que acompañaba a los agentes, pensaron que los familiares del detenido habían grabado el momento de su detención. “Por esa razón no me entregaron con él”, dijo posteriormente Aguirre.

El empresario ganadero fue puesto a disposición de las autoridades; su camioneta estuvo 17 horas sin cadena de custodia ni vigilancia de ningún tipo, tiempo suficiente que los policías coludidos con Sánchez Sánchez aprovecharon para sembrar un arma y un kilo de cocaína. Con estas evidencias Aguirre fue procesado, declarado formalmente preso y posteriormente sentenciado a ocho años de cárcel por el juez Antonio Fuerte Tapia, de quien Aguirre Benítez dice: “Este juez estaba coludido con Álvaro Sánchez y por eso me sentenció. Nunca quiso escuchar mis argumentos”.

De acuerdo con las denuncias de Jhovani Aguirre, Álvaro Sánchez construyó una red de funcionarios –policías, fiscales, jueces y agentes del Ministerio Público –para enderezarle acusaciones falsas y mantenerlo en prisión. De ese tamaño era la sed de venganza de Álvaro Sánchez por haberse negado a colaborar con él en el trasiego de drogas.

En la Ciudad de México –dice –tenía la complicidad de Ninsa Fernanda Acosta Herrera, fiscal de la capital del país; en el Estado de México operó para el presunto capo Elisabeth Gómez Blanca, agente ministerial que, según Aguirre Benitez, fabricó las carpetas “para acusarme con elementos falsos a mi, a mi hermano Fermín Aguirre y a mi esposa, Yuridia Gallardo, por el delito de secuestro”. A todos nos giraron órdenes de aprehensión.

De acuerdo con las denuncias, Sánchez Sánchez pagaba más de cien mil dólares mensuales a funcionarios de la Fiscalía del Estado de México para que ninguna denuncia procediera en su contra. Esto lo corroboró uno de los abogados de Aguirre cuando acudió a denunciar la desaparición de Fermín Aguirre, en enero último, y se topó con un verdadero cerco. Los fiscales le dijeron al litigante que no podían proceder contra Álvaro Sánchez porque tenía protección al más alto nivel. “No se meta en problemas”, le comentaron.

De igual forma, Álvaro Sánchez, de acuerdo con Aguirre, corrompió al director del reclusorio Norte, Luis Ángel Hernández Salas, para que lo movieran de prisión. Por esa razón, dice, fue removido y ahora se encuentra preso en el área diamante (varonil) del penal de Santa Martha Acatitla.

Álvaro Sánchez –según cuenta Jhovani Aguirre –inventó que sus hermanos fueron secuestrados y dijo que para liberarlos les cobraron a cada uno más de cien mil pesos. Dice Jhovani Aguirre: “Eso fue falso. Cuando dice que ocurrió el supuesto secuestro yo ya estaba en prisión. Todo fue inventado por él para mantenerme preso”.

Sánchez Sánchez se convirtió en una verdadera pesadilla para la familia Aguirre; tanto Fermín como la señora Yuridia Gallardo no dormían en sus respectivas casas por miedo a ser asesinados. Se tenían que esconder en el monte; en barrancas y entre la maleza para no ser detectados por el presunto capo. También estaban incomunicados porque todos sus teléfonos celulares eran intervenidos por el jefe criminal acribillado el pasado 18 de abril en Tequisquiapan, Querétaro.

A su disposición también estaban agentes de inteligencia, a quienes pagaba para intervenir números telefónicos de rivales. En uno de los videos que difundió Jhovani Aguirre para demostrar la corrupción de las autoridades aparece Álvaro Sánchez conversando en la habitación de un hotel con un alto funcionario de la fiscalía del Estado de México.

De acuerdo con la Fiscalía del Estado de México, que investigó al grupo criminal de “Los hermanos Sánchez”, la célula delictiva no quedó extinguida con la muerte de su jefe, Álvaro Sánchez: al frente de la organización sigue Lorenzo Sánchez Sánchez –conocido como “Lencho” o “El señor de los Caballos”, así como el hijo de Álvaro Sánchez –Alex Sánchez Rebollar –, quien tiene 23 años, operaba al lado de su padre como sicario.

Hay otra familia –ligada a Lorenzo –de apellido Olascoaga que también son mencionados en el organigrama criminal elaborado por la Fiscalía del Estado de México. Esta familia es originaria de Tejupilco.

Según los informes de inteligencia, la célula de Álvaro Sánchez estaría ligada con Rafael Caro Quintero, recapturado en julio de 2022, particularmente con el cártel de Caborca que opera en Quintana Roo y otras entidades. Se le vincula, también, con la Familia Michoacana y amplias redes internacionales. El presunto capo Álvaro Sánchez construyó todo un emporio financiero: la organización cuenta con casas, hoteles en Acapulco, Estado de México, así como ranchos en Veracruz –donde también era protegido –en municipios como Tlacotalpan, Oluta y Medias Aguas; en Monterrey tiene hospitales. Los ranchos, se acuerdo con informes oficiales, están equipados con pistas de aterrizaje para el movimiento de drogas. La DEA conoce ampliamente la estructura criminal de Los hermanos Sánchez, pero en México el grupo criminal siempre ha estado protegido.

 

 

Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo Galó es periodista desde hace 30 años y se ha especializado en temas relacionados con el crimen organizado y la seguridad nacional. Fue premio nacional de periodismo en 2008 por sus reportajes sobre narcotráfico en el semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca durante quince años. En 2013 recibió el premio Rodolfo Walsh durante la Semana Negra de Guijón, España, por su libro de no ficción Narcomex. Es autor, entre otros libros, de Los Narcoabogados, Osiel: vida y tragedia de un capo, Los Zetas: la franquicia criminal y En manos del narco.

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