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Fentanilo: Pese a militarización, el tráfico sigue

Esta fotografía proporcionada por la fiscalía de Utah muestra unas píldoras de fentanilo. Foto: Fiscalía de Utah vía AP

El crimen organizado ha variado sus formas de operar y también enfocó sus baterías en nuevas drogas, más potentes y adictivas, como las opioides sintéticos, sustancias de laboratorio que son fáciles de elaborar, traficar y vender. Ahora el crimen organizado dispone de una de las herramientas más eficaces para comercializar: las explosivas redes sociales.

En la amplia gama de drogas de diseño destaca, por ejemplo, el fentanilo, una sustancia utilizada en la medicina como analgésico y anestésico que ha desatado una verdadera fiebre en Estados Unidos, donde cada año mueren unas cien mil personas por sobredosis. S e trata de una sustancia más poderosa que la morfina y la heroína.

El fentanilo se ha colocado en el mercado estadunidense como una droga de moda, a grado tal que ha desplazado el consumo de cocaína y heroína, ya que es más barata y poderosamente adictiva.

Según las autoridades federales, en México hay consumo de fentanilo pero lo consideran “muy poco”, evidente su distribución, de acuerdo con datos oficiales, en Baja California, Sonora, Chihuahua, Sinaloa y Jalisco. En Michoacán el tráfico de esta sustancia sintética se realiza por el puerto de Lázaro Cárdenas, uno de las terminales portuarias más conflictivas, la cual estuvo controlada durante años por el crimen organizado.

¿Qué es el fentanilo y por qué se ha convertido en una suerte de fiebre para consumidores y en la pesadilla de los gobiernos de México y Estados Unidos?

El fentanilo es un opioide sintético que, según estudios recientes, es considerado cincuenta veces más potente que la heroína y hasta cien veces más fuerte que la morfina.

Su uso es diverso: puede administrarse en forma de inyección, también mediante un parche colocado en la piel de la persona o se consume en forma de tabletas que se chupan como cualquier medicamento dirigido para mitigar la tos o el dolor de garganta.

Según datos del Instituto Nacional de Salud (NHI, por sus siglas en inglés) a partir del 2014 cada vez más adictos estadunidenses han empezado a consumir fentanilo, ya que es utilizado como un equivalente rápido y barato de la heroína.

El consumo del fentanilo ha desatado una verdadera oleada de muertes en Estados Unidos. Lo datos son contundentes: tan sólo en 2021, más de cien mil personas murieron debido al excesivo consumo de esa droga química. Esto equivale a unos 275 decesos por día.

Los reportes provisionales de los centros de control y prevención de enfermedades, los opioides sintéticos como el fentanilo y el tramadol causan el 61 por ciento de las muertes por sobredosis.

–¿Qué efectos tiene el fentanilo en el cerebro?

Su efecto es muy parecido al que causa el consumo de heroína, morfina y otras sustancias opioides: actúa uniéndose a los receptores opiodes que se encuentran en áreas del cerebro que controlan el dolor y las emociones.

Otros efectos, según la DEA: Al igual que algunos analgésicos, el fentanilo produce reacciones variadas como relajación y, en otros casos, también dispara la euforia; alivia el dolor físico –aumentando el emocional, una suerte de vacío que no se llena –al tiempo que otros efectos, que actúan como resortes, producen sedación, confusión, somnolencia, mareos, náuseas, constricción pupilar y depresión respiratoria.

El fentanilo también está catalogado por la Administración de Fármacos y Alimentos estadunidenses como un narcótico sintético opioide utilizado en la medicina por sus acciones de analgesia y anestesia. Como ya se dijo, tiene una potencia superior a la de la morfina, por lo que se emplea en dosis más baja que ésta.

Su consumo es variado: en forma transdérmica (en forma de parches que se pegan en la piel), vía sublingual, en presentaciones de spray nasal, intravenoso, en forma de pastillas para chupar. Otras dos vías son la epidural o intradural, es decir, espalda y/o columna vertebral.

Algunos estudios consultados establecen que por la vía intravenosa tiene un comienzo de acción menor a treinta segundos y un efecto máximo de entre cinco a quince minutos, con una duración de la acción que oscila entre los treinta y sesenta minutos. Su efecto tóxico se elimina por la vía hepática.

El fentanilo no es una sustancia reciente. Fue producido por primera vez en 1960 por el investigador Paul Janssen. Posteriormente, en 1968, fue aprobado para uso médico en los Estados Unidos.

Un dato revelador sobre su uso médico estima que en 2015 se utilizaron mil 600 kilogramos para la atención médica a nivel mundial. En 2017 –dice la misma información consultada –el fentanilo era el opiode sintético más utilizado en medicina y el medicamento número 250 más comúnmente recetado en los Estados Unidos, con más de 1,7 millones de recetas. Actualmente, sigue en la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud.

Pero su distribución ya forma parte del portafolio de ofertas del crimen organizado y su consumo ha aumentado en el agitado mundo de la drogoadicción: La DEA ha señalado que existe un vínculo directo entre las muertes por sobredosis de fentanilo en Estados Unidos y las redes criminales que operan en México.

Y tanta demanda tiene como droga que, en 2021, por ejemplo, la DEA decomisó más de 6 mil 803 kilos de esa sustancia sintética, cantidad suficiente, según la agencia antidrogas, “para matar a cada estadunidense”. Su demanda se ha incrementado porque es más potente que la morfina y la heroína, además de que es más barata y su producción como droga no requiere de grandes laboratorios.

Las muertes en Estados Unidos van en aumento, de acuerdo con los informes recientes de las autoridades estadunidenses. Tan sólo en 2021 se registraron poco más de cien mil decesos por sobredosis. Y es que sus efectos secundarios son mortíferos: disminución de la frecuencia respiratoria (depresión respiratoria), presión arterial baja, entre otros.

El problema derivado del consumo imperioso de fentanilo en Estados Unidos ya alcanzó niveles de drama: La impotencia oficial aflora ante el veloz consumo que deriva en tragedia cotidiana.

“México es actualmente una fuente dominante del suministro de fentanilo en Estados Unidos y los opioides sintéticos saturan rápidamente los mercados de drogas”. Esto sostiene el más reciente informe del gobierno estadunidense, publicado en febrero de 2022, en el que se detalla cómo se ha modificado el tráfico de opiodes en ese país en los últimos años.

Conformada por un grupo bipartidista de legisladores, la Comisión Federal para Combatir el Tráfico de Opiodes Sintéticos y agencias estadunidenses advirtieron que si el gobierno norteamericano no hace nada para cambiar sus acciones ante los nuevos desafíos es inminente que se perderán más vidas estadunidenses debido al excesivo consumo de drogas sintéticas letales, como el fentanilo que proviene de México.

Los datos registrados por las autoridades norteamericanas rayan en el escándalo, evidente el problema de salud pública ocasionado por el consumo de drogas sintéticas: De junio de 2020 a mayo de 2021, el fentanilo y los llamados opiodes sintéticos representaron dos tercios de las más de cien mil muertes causadas por sobredosis. Los decesos ocurrieron entre consumidores estadunidenses de entre 18 y 45 años.

El fentanilo se ha convertido en la sustancia impulsora de lo que las autoridades norteamericanas llaman “la epidemia de opiodes”. “El fentanilo es cincuenta veces más potente que la heroína”, advierte el informe oficial, al tiempo que expone otra realidad perturbadora: que si entre el 70 y el 80 por ciento del fentanilo incautado entre los años 2014 y 2019 provenía de China, México es ahora “la fuente dominante” del fentanilo que ingreso a Estados Unidos, principalmente, por las terminales portuarias. Y tal amenaza ha provocado que algunas autoridades estadunidenses exijan que los cárteles mexicanos sean declarados como organizaciones de narcoterroristas.

Según los informes oficiales estadunidenses, el fentanilo se trafica a través de la frontera sur de Estados Unidos con México; los cárteles también han aumentado su uso a través del Servicio Postal, según el informe, y la demanda de igual forma ha crecido a través de todas las redes sociales, convertidas en una suerte de market place de las drogas.

El fentanilo es una sustancia sintética que llegó para quedarse, pues ha desplazado a otras drogas, como cocaína, heroína y morfina, ya que es más barata y mayormente potente: se produce en pastillas. Algunas marcas son Adderell y Xanax, con amplia demanda.

Ante la crisis por muertes causadas por sobredosis, la Comisión para combatir el tráfico de opiodes sintéticos hizo varias recomendaciones para que Estados Unidos frene el flujo de drogas sintéticas y reduzca las muertes por dobredosis.

Entre otras políticas, se plantea el fortalecimiento de una amplia coordinación de políticas públicas, a interrupción del suministro de drogas, el aumento de la cooperación internacional, la eficacia en las investigaciones, así como mejorar la recopilación de información y establecimiento de estrategias para reducir la demanda. Esto incluye, entre otras medidas, el acceso a los tratamientos para resolver las adicciones. Aunque la adicción ya es considerada irreversible.

Para interrumpir el suministro de drogas, la Comisión citada recomendó mejorar la supervisión y el cumplimiento de la ley; entre otras medidas propone subvenciones federales a las fuerzas del orden público, para que se asocien con empresas de redes sociales de Estados Unidos y así poder identificar a los vendedores de drogas sintéticas que utilizan estas plataformas para ofrecer sus productos.

Para detectar a los productores y distribuidores, la Comisión recomendó que Estados Unidos colabore con otros países involucrados en la producción y distribución de drogas sintéticas. Adicionalmente a ello, se deberán delinear políticas para comprometerse con China a una mayor supervisión de su industria farmacéutica y coordinar con ese país que “adopte reglas claras”.

En una alerta de seguridad pública, la DEA expuso que en Estados Unidos hay un fuerte aumento de medicamentos controlados falsificados que contienen fentanilo y metanfetaminas.

Tan sólo en 2021 se incautaron 9.5 millones de píldoras falsificadas. En otros casos han detectado un boyante mercado para píldoras que contienen al menos dos miligramos de la droga, lo que se considera una dosis letal. Muchas de estas sustancias se hacen pasar como opiodes de prescripción como la Oxicadona, la hidrocodona o bien el Aderall. Estas píldoras están ampliamente disponibles en línea y frecuentemente se venden a través de las redes sociales.

La DEA señaló, además, que China suministra los precursores químicos a México para producir fentanilo; además, según expuso la agencia, las píldoras que llegan a Estados Unidos provienen de México y se mueven a través de los puertos.

Entre las organizaciones que están bajo observación de las autoridades estadunidense por sus operaciones con drogas sintéticas como el fentanilo figuran los cárteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación, las dos más poderosas que operan en territorio mexicano.

Desde el 2021, el gobierno de México, a petición de Estados Unidos, reforzó la seguridad en las terminales portuarias optando por la militarización, una medida que al inicio de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador no se contemplaba. Los militares estaban destinados a regresar a sus cuarteles después de la guerra fallida del sexenio de Felipe Calderón y el fracaso evidente durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Pero la urgencia por frenar el tráfico de fentanilo y ante la oleada de muertes que enfrenta Estados Unidos, México optó por la militarización, medidas de inteligencia para detectar cargamentos de esa sustancia sintética.

Fentanilo: La pesadilla sintética

 

Los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación se disputan el gran mercado del fentanilo en Estados Unidos, la droga sintética que más personas mata diariamente y que se ha convertido en una pesadilla para el gobierno de Estados Unidos, el país con mayor consumo de drogas. Los precursores químicos para producir esta droga provienen de Asia, principalmente; entran por los puertos de Lázaro Cárdenas, la terminal portuaria que controla el crimen organizado; luego se procesa y se exporta a Estados Unidos a través de todas las terminales portuarias del país. Esto explica por qué el gobierno de Estados Unidos pidió al de México militarizar las terminales marítimas. El objetivo es frenar el tráfico de fentanilo, pero hasta ahora no lo han conseguido.

Sin combate contra el crimen organizado, ausente una política antimafia que frente el tráfico de drogas y la violencia, el tráfico de drogas va en aumento, como lo demuestra el acelerado trasiego de fentanilo a través de los puertos mexicanos, la droga química que más personas mata en Estados Unidos, el voraz mercado de consumo.

Ante el tráfico imparable, el gobierno de Estados Unidos pidió al de México militarizar los puertos como una medida para reforzar la seguridad y frenar el tráfico de fentanilo –la droga sintética que más personas mata en la Unión Americana –pero hasta ahora no ha logrado ese objetivo: los cárteles de Jalisco y de Sinaloa son los principales exportadores de fentanilo y ambos grupos criminales se disputan el mercado en Estados Unidos, el más grande mercado de consumo.

La producción y consumo de fentanilo –una de las drogas sintéticas más adictivas y mortales –se ha convertido en una fiebre. Exportada de China, el opioide entra a México a través de las terminales aéreas y marítimas y ex importada por las amplias redes que disponen los cárteles de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa, las más poderosas de América Latina.

Hasta hace dos años, el fentanilo era traído de China, donde se han localizado unos cinco mil sitios donde se puede adquirir; las redes de distribución colocaban la sustancia en territorio estadunidense a través de buques, pero después escogieron a México como puente para hacer llegar la droga a la frontera norte. Luego es cruzada a Estados Unidos en vehículos particulares o a través de túneles.

Ahora la dinámica ya cambió. De acuerdo con informes consultados en la Agencia Antidrogas Estadunidense (DEA) y en la Fiscalía General de la República (FGR), el fentanilo ya se produce en México. Y a gran escala. Los cárteles de Sinaloa y Jalisco importan los precursores químicos y se elabora la droga sintética en laboratorios localizados en Michoacán, Colima, Culiacán, entre otras ciudades, donde ambos grupos criminales disponen de expertos en la producción de esa sustancia que ha causado furor entre los consumidores estadunidenses. Todo se realiza con protección policiaca y/o militar.

En los últimos años es cada vez mayor la demanda de las drogas sintéticas, entre ellas el fentanilo; esto ha derivado en que los cárteles de Sinaloa y Jalisco hayan entrado en negociaciones con bandas del narcotráfico chinas dedicadas a la distribución de ese químico que, de acuerdo con expertos, está considerado no sólo uno de los más adictivos sino que es mortal.

Y es que el fentanilo, de acuerdo con su historial, es una sustancia sintética que ya se convirtió en una suerte de epidemia dentro del voraz mercado de consumo estadunidense. Según cifras de salud, se calcula que unas 50 mil personas mueren cada año por sobredosis. La adicción es inmediata y, según estudios consultados, es irreversible.

Esto derivó en una crisis dentro de Estados Unidos, que exigió a los países de la región latinoamericana vigilar más sus fronteras y evitar el tráfico de fentanilo. Pero en México ya se encendieron las alertas en este sentido, ya que las organizaciones chinas han escogido al territorio nacional como puente para hacer llegar la droga a Estados Unidos. Esa es la razón por la que en México ahora son más frecuentes las incautaciones de esa sustancia sintética.

De acuerdo con informes policiacos, la droga se mueve por las terminales aéreas y marítimas; también por carreteras. En el año 2020 hubo un aseguramiento de fentanilo en el aeropuerto de Culiacán, Sinaloa, pero luego las autoridades asestaron un fuerte golpe en el puerto de Manzanillo, Colima. Ahí se aseguraron 23 toneladas de precursores químicos para elaborar fentanilo. El golpe ocurrió en agosto de 2019. Este hecho encendió las alertas.

 

            Las narco-rutas

 

La fuerte presencia de esta droga en territorio nacional encendió las alarmas en el convulsionado mundo de las drogas. El fentanilo cobró fuerte demanda y se colocó como la droga de preferencia de millones de consumidores, desplazando a la amapola, base de la goma de opio, la marihuana e incluso a la heroína.

Su fuerte demanda en México, pero sobre todo en Estados Unidos hizo posible que dos cárteles mexicanos –Sinaloa y el de Jalisco –agilizaran sus operaciones y pronto establecieron amplias redes con cárteles chinos para producir la droga.

También impusieron nuevas dinámicas en el tráfico. Esto comenzó a notarse a partir del año 2017, de acuerdo con información de la DEA. Hasta esa fecha el fentanilo se enviaba desde China a las diversas ciudades estadunidenses. Más tarde, las rutas se modificaron, pues ambos cárteles diversificaron sus formas de introducción al mercado estadunidense.

Fue entonces cuando las autoridades mexicanas y estadunidenses comenzaron a detectar que tanto el cártel de Jalisco como el de Sinaloa empezaron a importar precursores químicos para producir fentanilo en laboratorios propios. Así se convirtieron en los principales abastecedores del mercado estadunidense.

Sin embargo, algunas modalidades de tráfico se mantienen, por ejemplo, el envío por correo y vía aérea. Una de las formas más socorridas es la transportación en contenedores, en barcos de carga, que salen de los puertos de China –Hong Kong es uno de los más activos en este rubro –y llegan directamente a Estados Unidos. Los puertos mexicanos juegan un rol clave, pese a estar militarizado; lo mismo ocurre en las aduanas. Los criminales y los funcionarios corruptos se aprovechan de la ignorancia de los miembros de las Fuerzas Armadas en los temas aduanales. Así logran cruzar la droga al mercado de consumo más boyante.

Los chinos se han especializado en camuflagear los cargamentos, los que disfrazan “de cualquier cosa”, según explica una fuente consultada. La droga, explica la misma fuente, puede arribar en contenedores de jabón, en muñecos de yeso o de porcelana, saturada de papel y relleno y así se disimula el verdadero contenido de la carga.

En Sinaloa, por ejemplo, uno de los cuantiosos aseguramientos ocurrió al revisar unas estrellas de madera. Según datos de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), varios cargamentos con estas características se han detectado en diversos puertos mexicanos, como Lázaro Cárdenas y Colima, respectivamente. Ambas terminares marítimas están consideradas las más socorridas por los criminales para el arribo de fentanilo.

Recientemente, efectivos de la Secretaría de la Defensa Nacional, aseguraron en Culiacán un cuantioso cargamento de fentanilo. En total fueron 118 kilogramos. Su valor, según datos oficiales, es de casi mil millones de pesos. Ese aseguramiento fue catalogado como uno de los más cuantiosos, pero ¿Cuántos cargamentos más robustos han cruzado hacia Estados Unidos? En realidad un decomiso no dice absolutamente nada considerando el amplio mundo de las drogas. Por cada cargamento asegurado puedo asegurar que pasan diez, por decir lo menos.

Las terminales marítimas no son las únicas que son utilizadas para el tráfico de esa sustancia. Las terminales aéreas de Culiacán, Manzanillo y Ciudad de México también tienen una fuerte dinámica en el movimiento de fentanilo, de acuerdo con reportes de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

En México el fentanilo se elabora en laboratorios clandestinos que, de acuerdo con datos oficiales, han sido detectados en Michoacán, Jalisco, Sinaloa, Durango y Baja California.

Después, la sustancia se envía a la frontera norte, particularmente a Tijuana, Baja California, desde donde cruza a San Diego, California. Cuando la sustancia está en territorio estadunidense comienza su distribución en latas de comida, piezas de automóviles, juguetes o incluso en bolsas con dulces.

La razón por la que los cárteles mexicanos se han involucrado en el tráfico de fentanilo tiene una explicación: es altamente rentable. Según datos publicados en 2020 por el diario “El Universal”, producir un kilo de fentanilo cuesta 32 mil dólares. Con ese kilo se producen un millón de dosis que, de acuerdo con cifras de la DEA, arrojan ganancias de hasta veinte millones de dólares.

Este boyante negocio ha transformado a los cárteles de Jalisco y Sinaloa en organizaciones criminales trasnacionales, pues según la DEA ambos cárteles tienen presencia en Asia y Australia precisamente porque en esos puntos del planeta disponen de los proveedores de los precursores químicos.

Cabe decir que el cártel de Jalisco comenzó traficando drogas sintéticas desde que fue fundado por Abigael González Valencia, cuñado de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, actual jefe de esa organización, allá a mediados de los años noventa.

Por lo que respecta a Sinaloa, su fuerte es el tráfico de marihuana y cocaína, pero se involucró en el movimiento de fentanilo precisamente por su alta rentabilidad y poca inversión. Ambos grupos criminales disponen de amplias redes en los puertos mexicanos, de ahí que el gobierno de Estados Unidos haya externado su preocupación por el tráfico de ese químico a través de las terminales marítimas.

En su visita a Guatemala y México, Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, en 2021, expuso que, debido al alto flujo de fentanilo en los puertos mexicanos, el gobierno de Estados Unidos le pidió al gobierno de Andrés Manuel López Obrador que las Fuerzas Armadas se ocuparan de la seguridad de los puertos.

Esa fue la razón por la que el gobierno de México ha procedido a militarizar todo el país; también explica por qué la Guardia Nacional ahora es coordinada desde la Secretaría de la Defensa Nacional. En el fondo de todo está la seguridad de la frontera estadunidense y sus intereses económicos en México.

Sin embargo, pese al blindaje militar –que por cierto es histórico en el gobierno de la Cuarta Transformación –el tráfico continúa. De acuerdo con fuentes consultadas “los militares no son incorruptibles. También son alcanzables”.

Y pese a la mlitarización, el tráfico de fentanilo sigue en jauja.

Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo Galó es periodista desde hace 30 años y se ha especializado en temas relacionados con el crimen organizado y la seguridad nacional. Fue premio nacional de periodismo en 2008 por sus reportajes sobre narcotráfico en el semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca durante quince años. En 2013 recibió el premio Rodolfo Walsh durante la Semana Negra de Guijón, España, por su libro de no ficción Narcomex. Es autor, entre otros libros, de Los Narcoabogados, Osiel: vida y tragedia de un capo, Los Zetas: la franquicia criminal y En manos del narco.

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