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Hebe de Bonafini, la ama de casa que se volvió símbolo de lucha contra la dictadura

La presidenta de Madres de Plaza de Mayo, que acaba de fallecer a los 93 años, fue una de las grandes figuras de la lucha contra la dictadura y por los derechos humanos. Pero en los últimos años, se volvió un personaje polémico y su imagen se desdibujó para muchos argentinos.

Por Juan Buchet
Corresponsal de RFI en Buenos Aires

Francia, 21 de noviembre (RFI).- No formó parte de ese primer grupo de 14 mujeres que desafió a la dictadura con una ronda frente a la Casa Rosada, el palacio presidencial, el 30 de abril de 1977, lo que repetirían desde entonces cada jueves. Pero se unió a ellas a las pocas semanas, junto a otras madres, cada vez más numerosas, que querían saber qué había sido de sus hijos y, ante el silencio de tribunales, dependencias policiales, cuarteles militares y Gobierno de facto, habían decidido manifestarse públicamente. Y rápidamente, por su carisma y su energía, Hebe de Bonafini se impuso como una de las líderes de esas mujeres que se identificaban con sus pañuelos blancos. Es así que en 1979, cuando la agrupación informal se transforma en la Asociación de las Madres de Plaza de Mayo, es nombrada presidenta de la misma. A partir de ese momento comenzó a ocupar un papel cada vez más importante en la política argentina como símbolo y portavoz de la lucha contra la dictadura militar en el poder entre 1976 y 1983.

Nada predestinaba a Hebe María Pastor, nacida cerca de La Plata, en la provincia de Buenos Aires, casada a los 14 años con Alberto Humberto Bonafini, a un rol de liderazgo con gran exposición pública. Hasta su acercamiento a las Madres, tal como lo ha contado ella, era una simple ama de casa, de poca educación (sólo había terminado la escuela primaria), que había criado tres hijos y se desinteresaba por completo de la política y la actualidad de su país. Pero el secuestro y desaparición del mayor, en febrero de 1977, la llevó a movilizarse. Lo mismo ocurrió en diciembre del mismo año con el otro varón, y en 1978, con su nuera. A la fecha, los tres siguen desaparecidos.

Al regreso de la democracia, en diciembre de 1983, Hebe de Bonafini, como líder de las Madres de Plaza de Mayo es, en Argentina y aún más en el exterior, una de las figuras de la resistencia a la dictadura y la lucha por los derechos humanos, junto con Estela de Carlotto, la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, con quien siempre mantendrá diferencias y cierta rivalidad.

Bajo el Gobierno del Presidente Raúl Alfonsín, Hebe de Bonafini y las Madres, así como las otras organizaciones de derechos humanos, siguen reclamando por los desaparecidos (en realidad, muchos de ellos fueron torturados y asesinados), a la vez que exigen juicio y castigo para los responsables de los crímenes de la dictadura. Se abre una gran esperanza con el juicio a las juntas y la condena de la mayoría de sus integrantes en 1985, pero luego los procesos judiciales se interrumpen hasta principios de los años 2000.

Mientras tanto, las Madres siguen con sus rondas de los jueves, hasta que se dividen en 1986: por el autoritarismo y las posiciones políticas de Bonafini, un grupo de mujeres forma otra asociación, Madres de Plaza de Mayo Línea fundadora. Desde entonces, ambos grupos siguen su rumbo de forma paralela. Y el que lidera Hebe de Bonafini, cada vez más politizado, multiplica sus actividades a través de una Fundación que administra un centro cultural, un instituto universitario, una radio y publicaciones. Ello, en gran parte, desde 2003, gracias a generosos subsidios del Gobierno de Néstor Kirchner. A partir de ese momento, las Madres de Plaza de Mayo (como otros organismos de derechos humanos) perderán su autonomía para ser virtualmente cooptadas por el kirchnerismo: con Néstor y luego con Cristina Fernández de Kirchner, no hubo acto oficial en que Hebe de Bonafini no estuviera aplaudiendo en primera fila.

El crecimiento de la Fundación deriva también en aberraciones. Es así que inicia un ambicioso plan de viviendas sociales, con fondos del Estado, que en su mayoría no fueron construidas. Es la causa “Sueños compartidos” (nombre del programa), por la cual Bonafini, junto a otras personas, fue procesada en 2011 por “defraudación a la administración pública”.

En las redes sociales, algunos recordaron las expresiones sobre Bonafini de Alberto Fernández antes de llegar a la Presidencia.

Este escándalo judicial, sumado a sus tomas de posición internacionales (saludó el atentado contra las Torres Gemelas, apoyó públicamente a Milosevic y Saddam Hussein), a declaraciones públicas contra la Justicia y el periodismo, ataques verbales contra personas y exabruptos varios, así como su kirchnerismo exacerbado desdibujaron para muchos argentinos en los últimos años la imagen de la gran luchadora por los derechos humanos que fue esta mujer que acaba de fallecer a los 93 años. Pero muchos otros la siguen venerando. El tiempo pondrá las cosas en su lugar. Por haberla tratado y entrevistado, puedo decir que Hebe de Bonafini impresionaba efectivamente por su energía, su carisma y, debo reconocerlo también, su autenticidad.

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Radio Francia Internacional

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