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La entrega vil de Morena

“Al final del debate, mejor dicho, del circo de la decadencia política, como suele suceder, todos se alzaron ganadores del encuentro cuando la realidad es que ninguno estuvo a la altura y para lo único que sirvió el encuentro fue para confirmar, que, en Coahuila, Morena entregó el triunfo”. Foto: Vanguardia.

La estrategia bélica política de divide y vencerás fue, por ejemplo, el fondo de la iniciación en la participación electoral en los noventa, del Partido Verde Ecologista de México. Una división, agregando un instituto más para diseminar el voto y ganar en alianzas; vaya, hasta la fecha, aun cuando otros partidos (con el PAN en el 2000, con el PRI los años posteriores, y con Morena en 2023, otra vez) continúan utilizando al Verde en esa práctica, aunque no es el único partido que se usa con fines de división electoral para pactar triunfos.

El domingo 16 de abril se realizó el primer debate entre los candidatos al gobierno de Coahuila, el cual condujeron, con mucha paciencia y maestría, la periodista Sandra Romandía, y el periodista Javier Solórzano. De hecho, fue lo más destacado de un encuentro político ideológico que quedó a reducido por la participación de los políticos, a un circo popular que evidenció, como, efectivamente, Morena ha entregado el estado a la oposición.

No hay otra forma de explicar la selección de Armando Guadiana como candidato al gobierno de Morena, y de Ricardo Mejía como abanderado del PT, que un evidente pacto entre partidos para acercar al triunfo al candidato priísta Manolo Jiménez, más que el divide y vencerás… aparte, está el candidato del Verde, Lenin Pérez.

Vamos, que cuando el entonces subsecretario de seguridad, Ricardo Mejía, hombre asiduo a los informes de seguridad en las conferencias matutinas del presidente Andrés Manuel López Obrador, hizo pública su aspiración para contender, por Morena, al gobierno de Coahuila, el análisis fue que él, dada la cercanía presidencial, sería el abanderado. Pero saltó, literalmente, el senador Armando Guadiana con todo su folclor, para anotarse también.

De manera increíble, el personaje de Guadiana, un ranchero/carbonero/empresario/político popular, “ganó” las encuestas de Mario Delgado, el dirigente nacional de Morena, estudios cuantitativos, por cierto, de los que muy pocos pueden dar fe. Ricardo Mejía, fue un “mal perdedor”, y llegó a la contienda por un partido alfil del presidente y de Morena, el Partido del Trabajo. Y es evidente, también, que ni en Morena ni en el PT, por más que lo aseguren, se tomarán decisiones sin la venia presidencial.

Así, Morena dividió el voto de la “izquierda de la cuatroté” en dos bloques, el de Mejía y el de Guadiana, y después en tres, con el Verde (que va en alianza con Morena y con el PT en el Estado de México). ¿Para qué dividir el voto? Sencillo, para darle el gane a la oposición, y que el PRI, que en la Alianza Vamos por México, se quedó con las dos candidaturas de este 2023, la de Coahuila y la del Estado de México, para que por lo menos conserve, a cambio de algo seguramente, esa parcela política en el centro del país, de confirmarse las encuestas que lo dan como ganador en esa entidad y como perdedor en el Edomex.

Esta hipótesis popular política, de un pacto entre Morena y el PRI para ganar uno de dos estados, se confirmó el domingo del debate en Coahuila, cuando su candidato nadó de muertito, emulando efectivamente a Enrique Peña Nieto con promesas sin fondo, pero populares, mientras su “adversarios”, el de Morena y el del PT, particularmente, se daban con todo para demostrar, cada uno, que es el verdadero representante de la “cuatroté” en Coahuila.

Armando Guadiana es un personaje increíble, improbable, pero producto del populismo actual. Sin la simpatía para lograr penetrar, pretendió utilizar dichos, desfachatez, calificativos y hasta la forzadísima puntada de pretender tener la necesidad de ir al baño a hacer sus necesidades fisiológicas solo para decir que mejor no, porque dejaría el sobrero y correría el riesgo de que se lo robasen, mismo sombrero que más adelante aseguraría rifaría.

Ricardo Mejía enfiló sus “bombazos” contra Guadiana principalmente, y contra el actual gobierno de Coahuila, al que incluso acusó que cuyos jefes de seguridad, son aliados de los cárteles del narcotráfico para la distribución de droga en la entidad. Acusación que extraña que, habiendo sido subsecretario de seguridad, no haya denunciado formalmente en su momento dentro del gobierno federal. Y pues Lenin, del Verde…

Manolo Jiménez, llamado no sin cierto sustento, el representante del moreirato (los hermanos Moreira gobernaron Coahuila, formalmente doce años, Humberto de 2005 a 2011, Rubén de 2011 a 2017), actuó tal cual el priísta que lleva dentro, ignorando y minimizando los cuestionamientos de corrupción, y despreciando a sus interlocutores.

Al final del debate, mejor dicho, del circo de la decadencia política, como suele suceder, todos se alzaron ganadores del encuentro cuando la realidad es que ninguno estuvo a la altura y para lo único que sirvió el encuentro fue para confirmar, que, en Coahuila, Morena entregó el triunfo, dividiendo a los suyos, lanzando tres candidaturas, la propia, la del PT y la del Verde, a diferencia de lo que hizo en el Estado de México. Qué pena que el país se reduzca con tanta vileza.

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