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OCDE mejora previsiones para México: prevé crecimiento de 1.8% en 2023 y 2.1% en 2024

La OCDE señala que la mejora de las perspectivas se encuentra en una etapa inicial y que los riesgos siguen sesgados a la baja. La incertidumbre sobre el curso de la guerra en Ucrania y sus consecuencias más amplias es una preocupación clave.

Ciudad de México, 17 de marzo (SinEmbargo).– La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer las proyecciones de crecimiento del PIB real para 2023 y 2024, en la que dio a conocer que la economía de México tendría un crecimiento esperado de 1.8 por ciento en este año.

De acuerdo con su reporte titulado “Perspectiva económica: un poco más optimista pero frágil“, la organización consideró que gracias a la mejora de la confianza de las empresas y los consumidores –además de la caída de los precios de los alimentos y la energía y la reapertura de la economía china–, las últimas Perspectivas económicas provisionales de la OCDE proyectan un crecimiento mundial del 2.6 por ciento en 2023 y del 2.9 por ciento en 2024.

En su análisis, prevé que este 2023 México crezca hasta un 1.8 por ciento, mientras que en 2024 avance hasta el 2.1 por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB).

“La perspectiva actual es un poco más optimista que nuestras previsiones anteriores, aunque la economía mundial sigue siendo frágil”, dijo el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann. Foto: OCDE.

Asimismo, prevé que la inflación general retroceda gradualmente hasta 2023 en la mayoría de los países del G20, desde 8.1 por ciento en 2022 al 5.9 por ciento en 2023 y al 4.5 por ciento en 2024.

“Esto se debe a la entrada en vigor de una política monetaria más estricta, a la disminución de los precios de la energía después de un invierno templado en Europa, y la caída de los precios mundiales de los alimentos”, consideró.

Pese a ello, la OCDE insistió en que la inflación subyacente sigue siendo persistente, sostenida por fuertes aumentos en los precios de los servicios y las presiones de costos de los mercados laborales ajustados. “Las presiones inflacionarias requerirán que muchos bancos centrales mantengan tasas de interés oficiales altas hasta bien entrado 2024”.

Mientras tanto, el crecimiento anual del PIB en los Estados Unidos se proyecta en 1.5 por ciento en 2023 y 0.9 por ciento en 2024 a medida que la política monetaria modera las presiones de demanda. En la zona del euro, se prevé que el crecimiento sea del 0.8 por ciento en 2023, pero aumente al 1.5 por ciento en 2024 a medida que disminuya el lastre sobre los ingresos por los altos precios de la energía. Se espera que el crecimiento en China se recupere al 5.3 por ciento este año y al 4.9 por ciento en 2024.

“La perspectiva actual es un poco más optimista que nuestras previsiones anteriores, aunque la economía mundial sigue siendo frágil”, dijo el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann.

“Algunos riesgos clave, como las perturbaciones persistentes a gran escala del mercado de la energía y los alimentos, se han mitigado por ahora, sin embargo, la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, la persistencia de la inflación de los servicios, la turbulencia del mercado financiero y la disminución constante de las perspectivas de crecimiento subyacentes, podrían ser fuentes de mayor perturbación. Un apoyo fiscal más específico y reformas estructurales para reactivar el crecimiento de la productividad serán clave para optimizar la recuperación y las perspectivas de crecimiento a largo plazo”, agregó.

La OCDE señala que la mejora de las perspectivas se encuentra en una etapa inicial y que los riesgos siguen sesgados a la baja. La incertidumbre sobre el curso de la guerra en Ucrania y sus consecuencias más amplias es una preocupación clave. El impacto general de los cambios en la política monetaria es difícil de medir y podría continuar exponiendo las vulnerabilidades del sector financiero y bancario y dificultar que algunas economías de mercados emergentes paguen sus deudas. Las presiones en los mercados energéticos mundiales también podrían reaparecer, lo que daría lugar a nuevos picos de precios y mayores presiones inflacionarias.

En su reporte consideró que la política monetaria debe mantener el rumbo hasta que haya señales claras de que las presiones inflacionarias subyacentes se reduzcan de manera duradera.

“El apoyo fiscal debe ser prudente y debe centrarse más en los más necesitados para mitigar el impacto de los altos precios de los alimentos y la energía. Una mejor focalización y una reducción oportuna del apoyo general ayudarían a garantizar la sostenibilidad fiscal, preservar los incentivos para reducir el uso de energía y limitar el estímulo adicional de la demanda en un momento de alta inflación”, agregó.

Es necesario reavivar los esfuerzos de reforma estructural para reactivar el crecimiento de la productividad y aliviar las limitaciones de la oferta. Mejorar el dinamismo empresarial, reducir las barreras al comercio transfronterizo y la migración económica y fomentar mercados laborales flexibles e inclusivos impulsaría la competencia, mitigaría la escasez de oferta y fortalecería las ganancias de la digitalización.

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