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Sistemas “contra-productivos” – SinEmbargo MX

“Si bien este gasto de la vida diaria en el transporte público no es nuevo, viene aumentando en los últimos años, y eso se refleja en una mala calidad de vida de quienes padecen estos sistema de servicios públicos”. Foto: Rogelio Morales Ponce, Cuartoscuro

En la Ciudad de México un habitante promedio gasta 88 minutos en sus traslados cotidianos, convirtiéndose en la segunda ciudad del mundo con más tiempo consumido en el transporte, sólo por debajo de Colombia, de acuerdo al Informe de Uso Global de Transporte Público de Moovit, a su vez, un habitante promedio de El Salto, en la zona metropolitana de Guadalajara, tarda 77 minutos en trasladarse en transporte público de su casa al trabajo, eso quiere decir que al día gasta, al menos, dos horas y 34 minutos para ir al trabajo y volver a casa. Hay tiempos gastados en el transporte público semejantes en otros municipios metropolitanos, según una encuesta del Observatorio Ciudadano Jalisco como Vamos. 

Pero todos conocemos testimonios de habitantes de las zonas metropolitanas de la Ciudad de México, Guadalajara y otras del país que consumen varias horas del día en sus traslados cotidianos, gastando buena parte de su vida diaria en los autobuses. Si bien este gasto de la vida diaria en el transporte público no es nuevo, viene aumentando en los últimos años, y eso se refleja en una mala calidad de vida de quienes padecen estos sistema de servicios públicos. El filósofo mexicano nacido en Suiza, Jean Robert llamó al sistema del transporte como “cronófago” en su libro La era de los transportes devoradores de tiempo.

En eso se ha convertido el transporte, no sólo el público, también el privado como podemos atestiguar los automovilistas en nuestros trayectos cotidianos. En lugar de pasar el tiempo con los seres queridos, con amigos, leyendo o haciendo otras actividades culturales o de entretenimiento, en la vida diaria el transporte se “devora” nuestro tiempo.  

Desde la década de los 70’s del siglo XX, el filósofo Iván Illich, de origen austriaco y radicado en México, llamó una “contra-productividad” a este problema que genera a los seres humanos los distintos sistemas de servicios que operan en la era industrial de la moderna sociedad capitalista.

Para Illich el concepto de la “contra-productividad” se refiere a sistemas aparentemente públicos como el educativo, de transporte y de salud que no resuelven las necesidades y por el contrario aumentan los problemas y sufrimientos de la moderna sociedad. El sistema educativo inhibe el aprendizaje, el sistema de transporte se convierte en un “devorador del tiempo” de las personas, el sistema de salud provoca enfermedades y vuelve dependientes a las personas de este sistema curativo y no preventivo de la salud (para los interesados, las obras completa de Iván Illich se pueden descargar aquí: https://josefranciscoescribanomaenza.files.wordpress.com/2015/01/vol-1.pdf). 

Podríamos afirmar también que el sistema político liberal cabe también en el concepto de “contra-productividad”, porque en lugar de propiciar condiciones de participación y toma de decisiones auténticamente democráticas para toda la sociedad, genera un sistema de Gobierno donde las decisiones son tomadas por los de arriba, por la alianza de los intereses privados-capitalistas y de los grupos de poder de la clase política. 

El concepto de “contra-productividad” de Illich se asemeja al concepto de “nocividad” del el pensador libertario Miguel Amorós, para quien el capitalismo contemporáneo es un sistema productor de “nocividades”, que en lugar de resolver los problemas de la sociedad, los agrava. En lugar de propiciar condiciones para vivir una vida digna, la hace más difícil, más insufrible. 

Para resolver de fondo estos problemas de “nocividades” y sistemas “contra-productivos” de la moderna sociedad industrial, tanto Illich como Amorós coincidían en la necesidad de pensar el “de-crecimiento”, y la necesidad de repensar el desarrollo y poner en cuestión que el crecimiento del capitalismo es infinito. Se debe poner límites a la reproducción económica capitalista, y repensar los conceptos de progreso y desarrollo. 

Son conceptos y reflexiones que, lamentablemente, no están en los programas de ningún partido político en México, pues aunque se digan de derecha o izquierda todos proponen seguir por el mismo sistema productivo y de consumo capitalista. La esperanza es que estas las reflexiones como el “de-crecimiento” sí forman parte de movimientos sociales, populares e indígenas en varias partes del país. Son un semilla de esperanza esperemos que germine. Varias comunidades autónomas que reproducen su vida por fuera de las relaciones de mercado y del sistema político liberal atestiguan que otro mundo no capitalista es posible. 

Rubén Martín

Periodista desde 1991. Fundador del diario Siglo 21 de Guadalajara y colaborador de media docena de diarios locales y nacionales. Su columna Antipolítica se publica en el diario El Informador. Conduce el programa Cosa Pública 2.0 en Radio Universidad de Guadalajara. Es doctor en Ciencias Sociales.
Twitter: @rmartinmar
Correo: [email protected]

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