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El rompecabezas incompleto – SinEmbargo MX

Interminable tejido. Pintura Tomás Calvillo Unna.

Para Javier Sicilia e Isolda Osorio: Gracias por las recientes horas compartidas en esa isla luminosa de la amistad con vocación de ser continente. Gracias por resistir la ignominia de los poderes y la incomprensión de la ignorancia; resistir con esa austeridad y sencillez para encontrar en las palabras, el refugio del fuego del corazón, que nos permite vislumbrar por donde seguir caminando, más allá del dolor.

 

I

Las almohadas

son los flotadores

de este mar de sueños y pesadillas.

Hay un juego en ello

que deriva en disputa

entre el descanso y el hastío.

La balanza se inclina

hacia donde indica el entendimiento,

si este falla,

el hastío es tormenta,

y embravecidas olas

arrasan cualquier intento.

La vida pareciera pender

del arte de saber dormir;

el descanso emerge

como el más poderoso nutriente.

II

El atajo de la razón

y la hondura de la contemplación

se bifurcan y se encuentran:

el cronómetro y el reloj de arena;

ese salto mortal

en el cuadrilátero del espacio y el tiempo

III

Desde la alcancía rota de la adolescencia

andamos la mayor parte del día

con los ojos vendados.

No podemos apreciar el milagro cotidiano,

no estamos presentes del todo cuando estamos,

no sabemos hacerlo

e incluso lo ignoramos.

En ocasiones, nos damos tardíamente cuenta

de los momentos excepcionales

que ya se consumieron;

y del valor de las personas queridas

que han partido.

Caminamos fragmentados:

los pensamientos trastocados,

la imaginación en pugna con la ilusión,

lo sentimientos apretujados,

las obligaciones de la sobrevivencia,

su reserva de improvisaciones,

las emociones raspadas,

los deseos sin continencia alguna,

asumidos ya

en la imparable virtualidad.

III

Y es tan sencillo,

en principio,

evitar esta pérdida diaria,

este desgaste del ser.

Si tan solo,

se pudiera respirar mejor

y fijar la mirada:

Láminas oxidadas, pedazos de cemento,

tuberías rotas, alambres de púas, tinacos rajados,

lodo seco, cobertizos de plástico verde y amarillo;

los linderos que se multiplican,

filas de basura y coches;

la amalgama de la ciudad.

No compite la ciudad con la naturaleza,

no hay forma,

y en esa separación

en que hemos crecido

está la pérdida que llevamos;

la trágica herencia de una devastación

que no alcanzamos a comprender.

IV

El reino de la biología expoliado

los siglos de intentos por destazar

su imperio impoluto;

incluso, la pretensión

más perversa de suplantarlo;

ignorando el don de la existencia

en su tejido interminable.

V

Registrar lo insondable en uno,

y asumir su indagación.

La primera palabra de la oración

es la luz,

con esa lámpara del verbo

se pueden dar los primeros pasos;

dejar de tartamudear

en esta vastedad que nos acoge.

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