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Corcholatas desbocadas – SinEmbargo MX

“salvo en los casos donde hay un candidato muy evidente y éste coincide con la voluntad del presidente, en el resto de las elecciones las encuestas se deciden por un voto, el de López Obrador”. Foto: Gobierno de México.

Cuando los caballos de rancho reconocen el camino de regreso al corral comienzan a acelerar la marcha, se van cucando los unos a los otros, todos quieren ir adelante, llegar primero al festín de grano y alfalfa que esperan obtener. Los jinetes tienen que saber cómo controlar los impulsos de los animales si no quieren ser arrastrados en el lodo.

En la carrera por la sucesión un primer caballo comenzó ya a dar arrancones: Marcelo Ebrard. Sabe que va detrás de Claudia Sheinbaum, no solo en las encuestas, unas más maleadas que otras, sino en el corazón del único jinete: el presidente. El caballerango Mario Delgado ya les enseñó el fuete para tranquilizarlos, pero el Marcelo no entiende razones, no esas. Él quiere reglas claras y las quiere ya.

Nadie, menos aún el canciller Ebrard, se puede llamar a engaño. El sistema de encuestas en Morena es cualquier cosa menos transparente. No lo fue en la selección del candidato a la ciudad de México en 2018, no lo fue en Coahuila este año, y en el inter no lo fueron en la selección de candidatos de Colima, Zacatecas, Chihuahua, Durango y Puebla. Seamos claros: salvo en los casos donde hay un candidato muy evidente y éste coincide con la voluntad del presidente, en el resto de las elecciones las encuestas se deciden por un voto, el de López Obrador.

El canciller le pide reglas a Morena porque sabe que no las hay. El presidente del partido dice que no se aceleren porque sabe que él no tienen ni voz ni voto en la definición de dichas reglas. Lo único más o menos claro es que el presidente quiere definir la candidatura lo antes posible porque sabe que entre más tarde en hacerlo más descompuesto estará el ambiente político y por lo mismo existe una mayor posibilidad de rupturas internas. Entre más se postergue la decisión mayor peso tendrá en ella la coyuntura política.

Son dos los factores que pueden descomponer políticamente el fin de sexenio y por lo tanto influir en la decisión del candidato de Morena: la tensión en la relación con Estados Unidos -por temas de migración y tráfico de drogas- y el incremento de eventos de violencia que impacten la percepción ciudadana sobre seguridad pública. Quien más se favorece con un incremento en la conflictividad con el vecino del norte es Ebrard, mientras que el deterioro de la seguridad percibida favorece a un perfil como el de Adán Augusto o incluso al propio canciller. Esto es, si se adelantan los tiempos es para favorecer a Claudia Sheinbaum, y eso sin duda es lo que está oliendo el caballo llamado Marcelo.

Nunca se ha dado el caso de que lleguemos al V Informe de Gobierno con el candidato del partido en el poder definido. Lo normal, pues, sería que esta especie de dedazo reloaded se dé pasando el primero de septiembre. Sin embargo, si algo hemos aprendido este sexenio, es que López Obrador no solo tiene otros datos, sino una forma distinta de ver la y hacer política.

 

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